Urbanizaciones tácticas

Las épocas de crisis ofrecen oportunidades de grandes cambios que tienen que ser estratégicos

Operarios pintando la nueva extensión de la acera en la calle Consell de Cent de Barcelona en mayo de este año / FRANCESC MELCION / FRANCESC MELCION
VICENTE GUALLART
VICENTE GUALLART Arquitecto, fundador del Institut d'Arquitectura Avançada de Catalunya i de Guallart Architects

Se habla del urbanismo táctico, que es sin duda un oxímoron (que alguien inventó con éxito), porque el urbanismo es por definición una disciplina estratégica que comporta transformaciones estructurales en la ciudad y que por lo tanto requiere tiempo de reflexión y de ejecución. Sin embargo, sí existen las urbanizaciones de espacios públicos tácticas, realizadas con una inversión pequeña y de forma muy rápida, desarrolladas para responder a urgencias urbanas o para testar el comportamiento de la ciudad con visiones a largo plazo. En esta época de pandemia, crisis climática e incertidumbres Barcelona y otras ciudades del mundo han respondido rápidamente frente al reto de aumentar el espacio público para permitir que los ciudadanos puedan pasear o moverse con más seguridad en la ciudad. 

Desde mi punto de vista la primera serie de actuaciones se ha hecho de manera apropiada, considerando el tiempo y los recursos de los cuales se ha dispuesto. Es ahora, aun así, el momento de madurar el modelo y consolidar la visión, mejorar el diseño y los procesos que ayuden a construir una ciudad mejor a largo plazo.

En este sentido querría compartir algunas reflexiones:

1. Las urbanizaciones temporales han venido para quedarse porque el uso de la ciudad en la era de la información está más definido por el tiempo que por el espacio, gracias a la capacidad que tenemos de gestionar información en streaming. Y por eso hay que aprender a hacer espacios públicos reversibles, transformables y actualizables. La calle de sección fija fue inventada en el siglo XIX y está obsoleta.

2. Las calles del Ensanche fueron diseñadas por Ildefons Cerdà para moverse, no para vivirlas, una función reservada a los interiores de las islas que eran jardines. Ya conocemos la historia. Pero del mismo modo que Cerdà propuso la reforma de la Ciutat Vella, ahora tenemos que reformar el Ensanche a partir de principios ecológicos. Muchas de las calles que ahora vemos pintadas de colores tendrían más bien que desasfaltarse e introducir árboles y arbustos para renaturalizar la ciudad. Necesitamos ciudades que absorban CO2, no que lo emitan.

Invertir principalmente en el Ensanche significa fomentar la dicotomía entre quién es centro y quién no lo es. Hay que ensanchar el Ensanche

3. Las urbanizaciones tácticas tienen que responder a visiones estratégicas, y creo que en Barcelona las dos cosas se han alineado bien, porque el objetivo a largo plazo de la ciudad es eliminar espacio para el automóvil privado, puesto que en el futuro nos moveremos menos y utilizaremos transporte público y compartido. El modelo de ciudad formado por barrios productivos conectados (la llamada ciudad de los 15 minutos) es sin duda el modelo propio del siglo XXI.

4. A pesar de esto, las urbanizaciones tácticas tienen que llegar a toda la ciudad. Especialmente a los barrios donde más impacta esta pandemia o cualquier otra futura crisis. Invertir principalmente en el Ensanche significa fomentar la dicotomía entre quién es centro y quién no lo es. Hay que ensanchar el Ensanche.

5. Las actuaciones en el espacio público en la ciudad se tienen que hacer con un plan a largo plazo y con consenso de muchos agentes sociales. Muy probablemente la confusión que hay actualmente en la ciudad es porque no existe una visión compartida sobre el futuro del espacio público ni dentro ni fuera del gobierno municipal. El último Plan de Movilidad, que incluía la red ortogonal de autobuses y las superislas, se aprobó con un amplio consenso. Ahora que se está redactando uno nuevo, sería bueno debatir y acordar una visión para los próximos años y que cualquier actuación táctica trabaje en esta dirección.

6. Los espacios públicos provisionales requieren elementos urbanos provisionales que sean movibles y adaptables a las nuevas circunstancias. Barcelona es un referente mundial por el diseño de su espacio púbico y por sus bancos, alumbrado o papeleras, y por lo tanto tendría que desarrollarse una nueva generación de terrazas de bares, zonas de juegos infantiles, barandillas para la ampliación de escuelas, o renaturalizaciones de uso temporal.

Las épocas de crisis ofrecen oportunidades de grandes cambios que tienen que ser estratégicos. Lo peor sería contaminar con la visión táctica cortoplacista la transformación futura de la ciudad. Para hacer una ciudad de emisiones cero como se pide en Europa (y que algunos reclamamos desde hace muchos años) hace falta tener una visión a largo plazo para saber qué hacer mañana. Y tenemos que invertir muchos recursos en esta dirección, porque la ecología será la nueva economía. Las mejores acciones tácticas ahora son las que obedecen a una buena estrategia que permita hacer de Barcelona y su región metropolitana una ciudad ecológica, que fomente la vida.

EDICIÓ PAPER 28/11/2020

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