Por favor, ayúdame a viajar

Los 'begpackers' son ya un fenómeno muy presente en países del Sudeste Asiático

SUSAN KALUNGE
SUSAN KALUNGE Afrofeminista, activista y miembro del Consejo de SOS Racismo

Con el verano, que ya está a las últimas, han llegado las esperadas vacaciones para muchas personas. Poder viajar durante este tiempo de descanso (aunque desgraciadamente vacaciones no puede tener todos, y quien tiene tal vez no puede cogerlas cuando quiere) ya creemos que es inherente a nuestra rutina, está socialmente aceptado e incluso, por qué no decirlo, incentivado.

Viajar es una experiencia muy gratificante. Pero también es un lujo que una gran parte de la población mundial no puede permitirse. En Occidente, muchos privilegiados pueden viajar por placer y tienen un pasaporte que les permite moverse con considerable tranquilidad por el mundo (dejando una huella de contaminación que no podemos obviar).

Precisamente por el impacto que tiene el hecho de viajar, es imprescindible reflexionar sobre las acciones que llevamos a cabo mientras viajamos para no contribuir de manera negativa en la vida de la gente del país. Intentar que la estancia no contribuya a fomentar la degradación de zonas turísticas, consumir de la manera más respetuosa posible con el entorno, etc.

Me pregunto qué lleva a una persona, con capacidad económica suficiente, a pedir limosna con el objetivo de seguir viajando y cumplir con el "sueño de ver mundo"

Mientras reflexionaba sobre el impacto del turismo a escala internacional y local me encontré con un fenómeno que desconocía: los llamados 'begpackers' (el nombre es una combinación de la palabra 'backpackers', que en inglés significa 'mochileros', y el verbo 'to beg', que significa 'pedir caridad').

Los 'begpackers' son ya un fenómeno muy presente en países del Sudeste Asiático como Tailandia, Malasia, Filipinas o Indonesia, y ahora la nueva tendencia se está extendiendo con rapidez también a otros continentes como Sudamérica. Son practicantes jóvenes occidentales (la mayoría blancos) que durante su viaje se dedican a pedir dinero (recogen donativos voluntarios, se dedican a la venta de fotografías y otros objetos o tocan música en la calle) para seguir viajando por el mundo.

El fenómeno ya ha llevado controversia y países como Tailandia están haciendo modificaciones en su legislación para intentar prohibir esta práctica.

Me pregunto qué lleva a una persona (con capacidad económica suficiente para viajar a otros continentes, con móviles de última generación, cámaras, 'tablets' y otros dispositivos electrónicos) a pedir caridad a otras personas, que sabes que tienen unas condiciones sociolaborales menos favorables que las tuyas, con el objetivo de seguir viajando y cumplir con el "sueño de ver mundo". Y llego a la misma conclusión: la división global entre Norte y Sur también incide en este ámbito.

Este tipo de aproximación a otras culturas es el reflejo de una posición vertical de poder (recordemos otras acciones desgraciadamente muy presentes en el mundo del turismo, como es el "síndrome del salvador blanco" que ocurre en el sector del voluntariado internacional).

Para ayudar a los 'begpackers' incluso existen plataformas digitales como Fund My Travel, que permiten que los usuarios creen un 'crowdfunding' (una recaudación de dinero online) para poder pagarse el viaje.

Una vez más el privilegio occidental y sus consecuencias se hacen presentes. En este caso, en relación al hecho de viajar.

Ricos pidiendo ayuda a pobres para pagarse un viaje que la gran mayoría de personas locales no podrían permitirse. Es francamente insultante.

EDICIÓ PAPER 16/11/2019

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