Cines, casas de apuestas y alcohol en Venezuela

Así se divierten los venezolanos en Caracas a pesar de la crisis

El cine de las Galerías Ávila, un centro comercial de diversas plantas situado en San Bernardino, una zona de clase social media-baja del oeste de Caracas, estaba repleto de gente el lunes. Como en Cataluña, era día festivo –aunque aquí, en Venezuela, no se celebraba San Juan sino el día del ejército- y muchas familias aprovecharon la jornada para llevar a los niños a ver una película. El vestíbulo del cine era un enjambre de gente cargada con palomitas de maíz y grandes vasos de Coca-Cola. Se proyectaban tres películas: ‘Aladdin’, ‘Hombres de Negro’ y ‘Toy Story 4’, que fue la que tuvo más éxito. Se agotaron todas las entradas.

“La gente continúa yendo al cine independientemente de la situación”, aclaraba ayer el gerente del cine, Alexander La Cruz. En Caracas hay cortes en el suministro del agua cada día, también se va la electricidad de vez en cuando y los precios están por las nubes en las tiendas. Aun así la actividad cultural continúa en la capital venezolana. Y curiosamente las películas que tienen más éxito en los cines son las estadounidenses. Es igual que el gobierno de Donald Trump mantenga un bloqueo económico en el país sudamericano. La única consecuencia que eso ha tenido de momento en la gran pantalla es que la casa distribuidora norteamericana Fox ha dejado de operar en Venezuela, y películas como ‘John Wick 3: Parabellum’ no han llegado a los cines de Caracas.   

En la otra punta de la capital venezolana, en la zona este, donde básicamente viven familias de clase media-alta, el cine del centro comercial Líder también estaba ayer lleno de gente que hacía cola para entrar en las salas. Allí, sin embargo, la oferta de películas era más variada –por ejemplo, está en cartelera ‘Dolor y gloria’, de Almodóvar- y el precio de la entrada es un poco más caro: cuesta 10.900 bolívares (1,3 euros), mil más que en las Galerías Ávila, a pesar de tratarse de la misma cadena de cines.

“En la capital hay una especie de muro de Berlín”, dice Omar Lugo, un actor amateur venezolano, para explicar la polarización cultural, pero también social y política, que existe en Caracas. Los últimos estrenos continúan llegando a la gran pantalla y hay programación de teatro y música, pero la gente que vive en la zona acomodada del este de la ciudad difícilmente pisa un cine o un teatro de la parte oeste -la más deprimida-, o viceversa. Es igual la oferta que haya. Son como dos mundos en una misma ciudad, que viven de espaldas.

Lo que sí que hay por igual en una parte y otra de la capital son casas de apuestas. Se cuentan por decenas, los venezolanos son grandes aficionados al juego. Las casas de apuestas son una especie de bares con las paredes llenas de pantallas desde donde se pueden seguir las carreras de caballos del hipódromo de Caracas o las que se hacen en Estados Unidos. “Antes también había hipódromos en Maracaibo y Valencia [ciudades venezolanas], pero los cerraron y ahora sólo hacen carreras nacionales los sábados y domingos”, se queja Johnson, que acaba de apostar por un caballo en uno de estos establecimientos y espera sentado en una mesa a que empiece la carrera. Cada apuesta, explica, le cuesta un mínimo de 2.000 bolívares (unos 20 céntimos de euro), y asegura que él juga cada día.

El viernes pasado por la tarde las licorerías de Caracas –que como su nombre indica venden licor pero también todo tipo de alcohol- estaban llenas. También hay por todas las zonas de la capital y están bien abastecidas: se puede encontrar whisky, ron, vino y todo lo que se quiera. “36 botellas de cerveza por 110.000 bolívares”, decía un cartel en la puerta de uno de estos comercios en el este de Caracas. O sea, 36 botellas por unos 13 euros. “La gente tiene que quitarse el estrés de alguna manera”, justificaba su propietario, Jorge Velázquez, que admite que el negocio ha ido a menos en los últimos años pero que, sin duda, le da para vivir.

EDICIÓ PAPER 17/08/2019

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