Las cuatro claves del fenómeno Ciudadanos

Es un partido interclasista con unos dirigentes más radicales que sus votantes

Ciudadanos ha tenido una trayectoria electoral fulgurante, al abrigo del proceso soberanista. En pocos años ha pasado de la periferia del sistema de partidos a ser la primera fuerza del Parlamento, en frente de los grandes partidos tradicionales. Aunque su penetración electoral queda bien lejos de las hegemonías que construyeron en sus espacios respectivos CiU y el PSC, en un escenario tan fragmentado como el de la actual política catalana, un 25% del voto es un resultado excelente.

Ciudadanos ha crecido contra el independentismo, pero nació contra el catalanismo. De hecho, nació en un momento en que la independencia no era más que una hipótesis lejana y minoritaria. Por eso su irrupción en el centro de la política catalana tiene implicaciones que van más allá del debate sobre la independencia. Porque los dirigentes de Ciudadanos impugnan de manera explícita los consensos básicos del catalanismo, alrededor de las instituciones de autogobierno y de la recuperación de la dignidad de la lengua y la cultura catalanas.

Ciudadanos y su penetración electoral son un fenómeno sociopolítico de primera magnitud. Posiblemente uno de los más significativos de la Cataluña contemporánea. Y por eso vale la pena analizar las claves de su crecimiento. En este artículo repasamos cuatro que consideramos especialmente significativas, pero obviamente sin ninguna pretensión de exhaustividad.

1. Es un partido especializado en las elecciones al Parlamento

Tradicionalmente eran los partidos del nacionalismo catalán los que obtenían mejores resultados en las elecciones al Parlamento y sufrían fugas de voto en las elecciones generales. Paradójicamente, Ciudadanos parece haber adoptado este patrón, y se comporta electoralmente de una manera similar a la antigua CiU. Es un partido españolista que concentra su éxito en las elecciones al Parlamento. Ni siquiera la eclosión de Ciudadanos en la arena política española ha permitido al partido acercarse, en las generales, a los resultados que alcanza en las elecciones al Parlamento. Tampoco en las elecciones municipales, donde los déficits de tradición e implantación local les pueden pasar factura. Falta ver si en 2019 conseguirán compensarlos y arrastrar a los ayuntamientos una mayor proporción de los votos que recogen en el Parlamento. Será una de las claves de las próximas elecciones.

2. Tiene éxito en los barrios más ricos y en los de renta más baja

Ciudadanos es un fenómeno político muy interclasista. Si nos fijamos en la ciudad de Barcelona, donde disponemos de buenos datos de renta y voto en el ámbito de barrios, observamos un patrón muy marcado: el éxito de Ciudadanos se concentra en los barrios de renta más alta y más baja de la ciudad. Pedralbes y las Tres Torres, por un lado, y Torre Baró y Ciutat Meridiana, por otro. Es a los dos extremos de la estructura de clases sociales de la ciudad donde Cs logró resultados que en algunos barrios se acercaron o superaron el 40% de los votos. En otras zonas urbanas fuera de los límites estrictos de Barcelona parece que se reproduce el mismo patrón. Esto, sin embargo, sólo pasa a las elecciones al Parlamento: si nos fijamos en las generales, Ciudadanos triunfa sobre todo en los barrios de rentas más altas. Y esto explica su descenso. Hay, por tanto, una contradicción potencial en su electorado, que tiene intereses potencialmente contrapuestos. Y por eso la operación Manuel Valls, que parece más orientada al electorado de la parte alta de Barcelona, podría no resultar tan exitosa como algunos prevén.

3. Es más fuerte allí donde hay menos densidad asociativa

Ciudadanos ha penetrado electoralmente en muchos espacios sociales, y muy diversos. Pero un patrón interesante, que era especialmente llamativo en 2012 o en 2015, era su gran éxito en zonas suburbanas, como los barrios residenciales creados durante los años de la burbuja inmobiliaria, o las urbanizaciones que pueblan algunas zonas de la región metropolitana amplia: algunas partes del Vallès, Baix Llobregat, Garraf y el Baix Penedès, la Selva o partes del Bages. Son territorios de poca densidad de población, en los que el espacio privado es abundante, la población se ha movido más recientemente y donde, generalmente, la trama social y asociativa es más débil que en los núcleos tradicionales. Obviamente, hay muchas diferencias sociológicas entre estas zonas y los núcleos de población más antiguos, pero parece que la densidad asociativa es un factor importante que nos ayuda a predecir los resultados electorales de Ciudadanos. Como muestra la gráfica, como más asociaciones hay en un municipio, peores resultados obtiene Ciudadanos, incluso después de descontar el efecto de otros factores como el origen, la lengua, la renta o el nivel de estudios de la población. Es un efecto robusto y consistente, con datos de algunas encuestas que muestran como los simpatizantes de Ciudadanos tienen menos probabilidad de haber colaborado con asociaciones y, por el contrario, son más propensos a recibir la información política por la televisión.

4. Sus votantes son menos radicales

Los había que decían que uno de los factores que llevaron a la aparición de Ciudadanos era el hecho de que los dirigentes del PSC eran más catalanistas que sus votantes. Si esto era cierto, ahora nos encontramos en el escenario contrario. La radicalidad españolista y contraria al autogobierno que exhiben Inés Arrimadas, Carlos Carrizosa y Albert Rivera no parece corresponderse exactamente con el perfil actitudinal de su electorado. Es cierto que una parte importante de sus votantes les siguen en sus posiciones, pero el rechazo a las mejoras del autogobierno no es ni mucho menos unánime. Como se ve en la gráfica, un 37% de los simpatizantes de Cs decían, a finales de 2017, que querrían que el Procés acabara con un acuerdo para más autogobierno. Y, según el CEO, prácticamente un tercio de sus votantes piensan que Cataluña tiene un nivel insuficiente de autonomía. Estas incongruencias entre dirigentes y votantes no necesariamente deben traducirse automáticamente en deserciones electorales. Pero pueden ser la semilla, sobre todo si los dirigentes optan por un discurso y una praxis política orientados a sus electores más radicales, como está haciendo últimamente Ciudadanos.

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EDICIÓ PAPER 18/11/2018

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