El riesgo de la 'prima a la posesión del poder'

Pedro Sánchez nunca se arrepentirá suficiente de haber hecho lo que ha hecho

JAVIER PÉREZ ROYO
JAVIER PÉREZ ROYO Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla

La facultad de disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas es la forma de manifestación más señalada de lo que podemos llamar la prima a la posesión del poder en un régimen parlamentario (las prerrogativas del presidente del gobierno). No hay ninguna otra prerrogativa que pueda comparársele. El presidente dispone de la llave para, al definir unilateralmente su agenda política, definir la de todos los demás.

Se trata, sin duda, de un arma formidable. Es casi como disponer del servicio en el juego final de un partido de tenis. Una vez evaluada la posición en la que se encuentran todos los partidos políticos, decido en que momento convoco a los ciudadanos a las urnas.

Esta es la razón por la que considero que dicha facultad no debería figurar en ninguna constitución democrática. La competición electoral tendría que desarrollarse de manera similar a como lo hacen las competiciones deportivas. Todos los o las atletas saben qué día y a qué hora van a tener que competir en las próximas Olimpiadas de Tokio. Todos los partidos deberían sabe qué día se celebrarán las elecciones a las que quieren concurrir. La facultad de disolver quiebra el principio de igualdad.

Tendrían que equivocarse todas las encuestas y acertar exclusivamente el CIS, para que la apuesta de Pedro Sánchez por la repetición electoral salga como él esperaba

Ahora bien, esta prima a la posesión del poder, la prerrogativa de la disolución de las cámaras, no está exenta de riesgos. El primero es que el ejercicio de dicha prerrogativa sea vista por la opinión pública como un uso ventajista del poder. Y el segundo, que descanse en un cálculo erróneo. Cuando ambos riesgos se entrecruzan, el tiro suele salir por la culata.

Me temo que esto es lo que le va a ocurrir el próximo domingo a Pedro Sánchez. Ha hecho un uso ventajista de la prerrogativa de disolución, con un cálculo que descansaba más en el resultado de las elecciones del 26 de mayo que en el de las elecciones del 28 de abril. Rechazo la posibilidad cierta de formar gobierno con el resultado del 28-A, porque pienso que puedo hacerlo en mejores condiciones tras el resultado del 26-M, convocando nuevas elecciones. Esta ha sido su composición de lugar.

Tendrían que equivocarse todas las encuestas y acertar exclusivamente el CIS, para que la apuesta de Pedro Sánchez por la repetición electoral salga como él esperaba. No va a pasar. Extraer conclusiones de los resultados de una elecciones municipales y autonómicas  para unas elecciones generales, es una temeridad, que descansa, además, en un desconocimiento de como se relacionan los ciudadanos con las urnas en los diferentes tipos de consulta.

Los ciudadanos votan en las elecciones municipales y autonómicas de forma muy distinta a como lo hacen en unas elecciones e generales. El PSOE y el PP han ocupado el poder autonómico y municipal casi en régimen de monopolio durante cuarenta años y eso les proporciona una ventaja enorme frente a los nuevos partidos. No es lo mismo componer candidaturas para 350 escaños, que para miles o decenas de miles. El PP casi empata con Ciudadanos el 28-A y lo triplica el 26-M. El PSOE dobla a Unidas Podemos en número de votos y casi lo triplica en número de escaños el 28-A y lo multiplica no se sabe por cuanto, porque es imposible contabilizar en numero de concejales de Unidas Podemos el 26-M. 

¿Quiere ello decir que el 26-M ha corregido al 28-A y que, en una nueva convocatoria de elecciones generales los resultados pueden estar más próximos a los de la segunda consulta que a los de la primera? ¿Es razonable cambiar la seguridad de un gobierno por la posibilidad de otro con base en una intuición de esta naturaleza?

Resulta difícil entender cómo un partido que presume de 140 años de historia y que ha sido el partido que más años ha ocupado el Gobierno desde la entrada en vigor de la Constitución, ha podido incurrir en esta temeridad. Pero así ha sido. No va a salir fortalecido en un momento en el que era muy importante que el presidente del Gobierno tenga autoridad para dirigir políticamente el país. Nunca se arrepentirá suficiente de haber hecho lo que ha hecho.

La prima a la posesión del poder en forma de prerrogativa para disolver el Parlamento debería hacerse desaparecer. El remedio es peor que la enfermedad.

EDICIÓ PAPER 16/11/2019

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