LA OBSERVADORA

Levantarse de la lona

El curso que comienza, si es que ha terminado en algún momento, augura tormenta

El combate político era desigual en fuerzas, pero las dos partes han salido perjudicadas y aún intentan levantarse de la lona. El liderazgo del independentismo está en prisión o en el exilio y Rajoy, aunque controlaba los mecanismos de poder del Estado, está jubilado. La sociedad catalana se recupera progresivamente y observa los relieves internos y externos, para que el sistema político español tampoco ha salido indemne del enfrentamiento con el independentismo. La incapacidad de hacer política del gobierno español ha quedado en evidencia con la aplicación del artículo 155 y la debilidad de sus fundamentos democráticos. Y su flanco internacional ha quedado debilitado con la construcción judicial de una causa groseramente política.

El inicio de una nueva etapa no está resultando fácil para ninguna de las dos partes. Rebajar la tensión pide gestos políticos que demuestren que es posible construir una confianza mutua, dinamitada mucho antes de la sentencia del Estatuto de 2010. Aún es una incógnita saber si Pedro Sánchez tendrá el coraje de hacer política y abrir una negociación seria sobre la cuestión más importante que tiene encima de la mesa: la arquitectura institucional de España. Para evitar que se mueva, Albert Rivera, Inés Arrimadas y sus ideólogos de la confrontación cívica se esfuerzan en sacar la cabeza en una competición ridícula que consiste en sacar lazos y convocar manifestaciones fallidas y que busca construir el relato envenenado e irresponsable de un país irrespirable. La presión de la reacción amenaza a los socialistas, que pueden perder la oportunidad de aprovechar la competición entre PP y Cs para hacerse suyo el sector más amplio del unitarismo.

La estrategia de la prisión

El curso que comienza, si es que ha terminado en algún momento, augura tormenta. Tiene un calendario que favorecerá la tensión y la movilización ciudadana en Cataluña a pesar de las amenazas del 155 y las advertencias de Miquel Iceta sobre el peligro de que "el ambiente de hostilidad condicione el juicio".

El despropósito de los cargos contra los presos políticos marcará el otoño, y la estrategia para hacerle frente desde el soberanismo comienza a perfilarse con un papel importante desde la cárcel. El presidente Torra ha dejado claro en sus primeros meses de mandato que su prioridad está en la cárcel y el exilio. Tras las reuniones del verano en Lledoners y en Waterloo, el presidente dibujará esta semana cuál es su visión del momento. Previsiblemente sin centrarse en la imprescindible acción de gobierno, que parece en suspenso. Torra ha dicho que no aceptará la sentencia, pero no ha concretado qué consecuencias tendrá esto. Su posición se alinea con los presos y su desconfianza en un juicio justo, fundamentada sobradamente en la forma en que se han instruido sus causas. Aseguran que "el único justo es la absolución" y el objetivo es generar un estado de opinión que permita denunciar la debilidad democrática española y sume complicidades a la bandera de la regeneración democrática. Hacer un llamamiento a la defensa de la democracia que interpele cualquier ciudadano más allá de su orientación de voto concreta.

El presidente del Parlamento, Roger Torrent, lo define, en una entrevista al ARA, como recuperar el espíritu del 3 de octubre, cuando el independentismo se sumó una mayoría cívica contraria a la violencia y partidaria de una democracia sólida y de un referéndum en paz y vinculante. Se trata de "desmontar esta farsa judicial" con las mayorías más amplias posibles.

¿Y a la larga?

El presidente del Parlamento habla de una legislatura larga que se mantendrá a la expectativa de "cómo se van concretando estas ideas y como establecen consensos y la unidad de acción para afrontar los meses que vienen". También lo hace Josep Rull en una entrevista desde la cárcel, pero admite que "lo que pase dependerá del clima que hayamos sido capaces de crear".

El curso político comienza con la conferencia del presidente, el 11 de septiembre, continuará con el primer aniversario del 1-O y los hechos de octubre y, previsiblemente, con el inicio del juicio con traslado a Madrid. Serán meses de nuevas movilizaciones durante los cuales la gobernación de Cataluña no debería quedar en suspenso si se quiere un país mejor y consolidar y ampliar el soberanismo como la mejor opción política para el progreso del país y de sus ciudadanos. Recuperado el gobierno después de la suspensión del 155, no sólo hay que protegerlo de nuevas amenazas sino también ejercerlo en beneficio del progreso del país.

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EDICIÓ PAPER 11/11/2018

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