‘Alirón, alirón’?

Sólo las urnas dan la 'auctoritas' en una sociedad moderna y democrática

Desde que Montesquieu dividía el buen y el mal gobierno entre monarquía y despotismo en el clásico El espíritu de las leyes, han pasado 272 años y por España unos monarcas que habrían podido demostrar -o no- su utilidad como estabilizadores del contrato social que representa una sociedad democrática de ciudadanos libres en el siglo XXI. Esta semana se han cumplido seis años de la coronación de Felipe VI tras la entretenida abdicación de Juan Carlos I, y partidarios y detractores de los Borbones han hecho balance del sistema político y de la fragilidad de la monarquía constitucional española hoy. A falta de datos del CIS, no por casualidad, sabemos que el apoyo de la opinión pública a la monarquía en Cataluña está bajo mínimos. En Cataluña el balance es negativo para una opinión pública que, según el CEO -el CIS catalán-, preferiría vivir en una república (71,2%) más que en una monarquía (14,4%).

El hundimiento del relato oficial que hablaba de la transición política impecable en la que se habría creado un supuesto sistema político estable y respetuoso con los diferentes territorios, así como la caída a plomo del velo de silencio sobre la personalidad de Juan Carlos I, han acabado con un estado de opinión que durante décadas sumaba el apoyo de los llamados juancarlistas por los supuestos servicios del rey a la estabilidad democrática y su construida imagen de proximidad.

El prestigio de Juan Carlos ha quedado hecho añicos para una gran mayoría de ciudadanos, aunque mantiene el apoyo político y mediático de una corte siempre comprensiva con los vicios de la historia borbónica, que tiene las constantes de la confusión de la hacienda pública y la propia, es decir, la corrupción, y los caprichosos líos de faldas.

Decía Marx que "la historia pasa dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa". El actual jefe del Estado haría bien en releer un poco de historia y entender que sólo las urnas dan la auctoritas en una sociedad moderna y democrática. Aflojar los lazos con su padre cuando ya era investigado internacionalmente no le exonera de responsabilidad.

"Alirón, alirón, Alfonsito es un ladrón", se gritaba por la calle el 14 de abril de 1931 cuando el abuelo de Juan Carlos salía hacia Marsella. Y Valle-Inclán escribía: "Los españoles han echado al último Borbón, no por rey sino por ladrón". La constante de la confusión de la hacienda. Hoy la Fiscalía de Ginebra ha imputado a la ex pareja del rey Juan Carlos I, Corinna Larsen, al gestor financiero del emérito, Arturo Fasana, inicialmente investigado por el caso Gürtel, y el abogado Dante Canónica por cuentas en paraísos fiscales de fondos relacionados con obras públicas de empresas españolas en Arabia Saudí. La proximidad judicial ha obligado a la Fiscalía del TS ha investigar el presunto cobro de comisiones del emérito y las cloacas amenazan a Larsen, que no parece que quiera actuar como chivo expiatorio. De hecho, uno de los cortesanos mejor informados, Jaime Peñafiel, explica cómo "la amiga entrañable" vivía en un edificio habilitado para ella y su hijo a unos cientos de metros de la Zarzuela. Y Pilar Urbano ha escrito que el emérito llegó a reunir a sus hijos para anunciarles que había decidido casarse con Corinna, previo divorcio de Sofía, y el hijo le habría pedido la abdicación previa ( El Mundo, 20 de junio).

La información sobre el enriquecimiento irregular de Juan Carlos I no es nueva, pero ha vivido del silencio de la prensa. De hecho, Gregorio Morán publica en su libro Adolfo Suárez, ambición y destino (Debate, 2009) una carta enviada el 22 de julio de 1977, firmada por Juan Carlos I, en la que pide al "querido hermano" sha de Persia Reza Pahlavi diez millones de dólares para apoyar a Adolfo Suárez para "consolidar la coalición política centrista [...] que sirva de apoyo a la monarquía [...] y preserve la civilización occidental y las monarquías establecidas". Morán también explica que en la biografía de Suárez de José García Abad, Adolfo Suárez. Una tragedia griega (Madrid, 2005), "la donación llegó mucho más al Palacio de la Zarzuela que al de la Moncloa" y que "el episodio se inscribirá con más propiedad en el capítulo de la picaresca real que en el de la historia de la UCD". Habla de la complicidad entre Suárez y Juan Carlos y del posterior viaje con el administrador del rey, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a Arabia Saudí, donde la cantidad negociada fue de mil millones de dólares.

¿Es posible que una España monárquica se regenere? Los antecedentes de la historia de España responderían que no. Los regeneracionistas ya intentaron vivificar la sociedad española después de lo que consideraban el "desastre del 98" hablando de "postración" de la nación española tras la pérdida de las colonias mientras los imperios europeos se consolidaban. Pero hoy la oligarquía y el caciquismo no han sido sustituidos completamente por la escuela, y la despensa y las demandas de regeneración acaban históricamente en España con una relación fiscal injusta y la imposición de valores patrios que chocan con una gran parte de la opinión pública en Cataluña.

Tampoco se ha acabado el intervencionismo político del rey y, si durante siglos los partidos que se iban alternando, liberales y conservadores, estuvieron protegiendo a la monarquía, con la aparición del multipartidismo y la fragmentación política del establishment se siendo seriamente amenazado.

Felipe VI llega tarde si quería distanciarse de las corruptelas paternas y se equivocó dramáticamente el 3 de octubre de 2017. Perdió la oportunidad de romper una tradición que amenaza con devorarlo.

EDICIÓ PAPER 26/09/2020

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