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Rajoy espera a Luis de Guindos para repartir las carteras

El ministro de Economía quiere unir a sus funciones poder. ¿Y eso que es? Pues esto: si no la unión de los Ministerios de Economía y Hacienda al menos la presidencia de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos

Las familias generalmente mal avenidas del Partido Popular entran en días decisivos, aquellos en los que Mariano Rajoy va a encajar las piezas de su nuevo Gobierno. Una de ellas es Luis de Guindos, el ministro de Economía que llega hoy de la cumbre iberoamericana de Cartagena de Indias, el hombre que quiere más poder, y que tiene la oportunidad de explicárselo a Rajoy El Zorro cara a cara en el Palacio de la Moncloa.

Quizá alrededor de la pieza de Guindos pivota el puzzle  que se va a armar en los próximos días. ¿Por qué? Porque el ministro de Economía quiere unir a sus funciones poder. ¿Y eso que es? Pues esto: si no la unión de los Ministerios de Economía y Hacienda al menos la presidencia de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos.

Durante 2015, Guindos ha sido el embajador plenipotenciario de Rajoy para distraer-intoxicar al presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem (Dieselbum! le llaman en Estados Unidos tras haber explotado con sus palabras la bomba bancaria en Chipre en marzo de 2013) y al comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, respecto a los dos instrumentos usados por Rajoy para ganar las elecciones del 20-D: la bajada de impuestos para “sus” votantes de clase media alta y el incremento del gasto público.

Problema: que para seguir siendo ese enviado especial Guindos quiere mojar en los presupuestos, tener influencia y responsabilidad para decir, por ejemplo, que las proyecciones de recaudación de Cristóbal Montoro, son, simplemente, una quimera. Porque en  2017 el ajuste presupuestario tendrá que ser de 5.500 millones de euros y habrá que asegurar el 3% de déficit en  2018. Van a ser dos años donde Guindos tendrá que emplearse a fondo con Bruselas.

Si la idea es que esta influencia se consigue con ser nombrado vicepresidente, ello no tendría, según fuentes del gobierno, recorrido, porque Rajoy no va a nombrar un segundo vicepresidente. Pero se equivocan, dicen en Economía, quienes creen que Guindos quiere una vicepresidencia.

Miguel Boyer y Carlos Solchaga fueron ministros de Economía y Hacienda y más tarde lo fue Pedro Solbes bajo la vicepresidencia de Asuntos Económicos de Narcís Serra. Guindos tendría suficiente con ser ministro de ambos departamentos unificados. Pero sabe que no resulta fácil que Rajoy provoque la caída de esa breva.

Busca entonces una transacción. Y este pacto tiene nombre: la presidencia de la comisión delegada de asuntos económicos. Desde la formación de su primer Gobierno a finales de 2011, Rajoy en plan Salomón, se quedó con esa presidencia para reinar simbólicamente sobre Guindos y Montoro. Guindos quiere ese puesto para que todos sepan lo que vale un peine, dentro y fuera de España.

Fuera de este eje, la otra pieza a la que el llamado G-8, los más amigos de Rajoy, ponen pegas es Soraya Sáenz de Santamaría. José Manuel García-Margallo quiere que Rajoy le quite en su puesto de futura vicepresidenta una o dos cosas que no le gusta de ella. Una, ¿por qué no quitarle el papel de portavoz y nombrar a Esteban González Pons, a quien hicieron caer fulminantemente en diciembre de 2011 del caballo del gobierno? Y, de paso, ¿por qué no desplazar de sus manos el control que ella tiene del CNI?

Y desplazamientos, haberlos haylos. O los habrá. Jorge Fernández Díaz, pendiente de que el Tribunal Supremo le salve de la querella criminal de Xavier Trías y CDC, ya no será ministro del Interior. A la familia feliz de ministro se incorpora María Dolores de Cospedal. La secretaria general del PP, que será sustituída por Fernando Martínez Maíllo, actual vicesecretario, será probablemente ministra de Fomento.

Sus aspiraciones –por Justicia o Interior iban sus tiros- no parecen haber prosperado. ¿Se imaginan una ex secretaria general del PP en Justicia? ¡Lo que faltaba! En Justicia seguirá Rafael Catalá, pese a las conspiraciones de Cospedal con Carlos Lesmes y sus hombres en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).