"Correcto. Mucho mejor"

El actor Manuel Marchena desborda en la recta final al personaje de presidente que ha creado para presidir el juicio

Escucha aquí el artículo leído de Ernesto Ekaizer

Da la impresión de que la presión acumulada a lo largo de tres meses de juicio buscaba una válvula de escape un día u otro, y esa fecha del calendario sido esta: el martes 14 de mayo. ¿Qué ha pasado? Como se trata de un tribunal cuyo presidente ejerce una participación e intervención permanente, sin tregua, la pregunta sobre qué ha pasado, se reduce a lo siguiente: ¿qué le ha pasado a Manuel Marchena?

La apostilla final de Marchena al letrado Benet Salellas después de que este anuncia que no hará más preguntas a la testigo Marina Garcés resume bastante lo que pasa: “Correcto. Mucho mejor”.

Los juicios que se celebran en España, ¿son como el juicio del procés? ¿son esos juicios quizá a imagen y semejanza del juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo? ¿Cuáles son las diferencias?

En nuestro sistema, los miembros del tribunal, incluyendo a su presidente, suelen escuchar y tomar notas. Y cuando tienen que resolver alguna cuestión procesal se retiran a deliberar ordenadamente. Y finalmente hablan por sus sentencias. En el juicio del proceso se han retirado a deliberar una sola vez.

En otros países, los presidentes pueden ser intervencionistas según el modelo que ha creado Marchena, pero no es menos cierto que en esos casos el que dicta la sentencia no es el juez sino el jurado.

En nuestro caso, el presidente de la sala de admisión de la querella criminal por rebelión, ha sido el presidente de la Sala Segunda, Marchena; el presidente del tribunal de enjuiciamiento, Marchena, ha elaborado, finalizada la fase de instrucción, las ponencias que resolvían los recursos de las defensas; el presidente del tribunal, según el personaje diseñado para la ocasión por Marchena, interviene activamente en las sesiones del juicio de manera permanente, y 'last but not least',  será  Marchena, quien después de pronunciar el “visto para sentencia” actuará como ponente de la sentencia que debatirá el tribunal.

El presidente del tribunal se había hecho un traje a medida a través del cual buscaba transmitir con un tono versallesco cierta imagen dirigida a desmentir o cuestionar tópicos sobre la justicia española, sobre todo en Cataluña. Su relación campechana con los letrados de las defensas, la búsqueda del equilibrio a través de la declaración de preguntas impertinentes que muchas veces ha sacado de quicio a los fiscales, sus comentarios coloquiales, en fin, nadie ha podido ignorar la escenificación, ladrillo sobre ladrillo, del decorado y de su propio personaje en la sala de sesiones.

La dinámica de la intervención permanente, fundamentada hasta los mínimos detalles, hace que en circunstancias como las que han tenido lugar en los interrogatorios de ayer, el presidente no pueda limitarse simplemente a apuntar, sin carga alguna, como quien no quiere la cosa, expeditivamente y con economía de palabras, sin enredarse, que el interrogado debe contestar directamente a lo que se ha preguntado dejando al margen cualquier circunloquio. Marchena ha tenido un mal día en la interpretación de su personaje durante la representación número 44. 

Eso representan las tres palabras: “Correcto. Mucho mejor”. ¿Quién en una pelea o enfado no ha dicho estas palabras alguna vez llevado por la ira del momento al sentirse contrariado? Pero Marchena no debería habérselo permitido. No él. Y al final estos incidentes han hecho chirriar la imagen presentada durante meses.

El próximo lunes 20, cuando se reanudan las sesiones, terminará la fase testifical de las defensas.

Ayer Marchena pidió a defensas y acusaciones que permanecieran en la sala junto al tribunal para analizar un problema de “intendencia”. Un presidente más distendido que en la sesión explicó que el 22 y 23 de mayo tendrá lugar la fase pericial según dos bloques: malversación y utilización de los locales el 1-O; los días siguientes serán dedicados a la prueba documental (papeles y videos). Las partes tienen que elevar un listado sobre lo que desean examinar y proyectar. 

Y luego se abrirá una pausa breve para que la Fiscalía y las acusaciones elaboren sus escritos definitivos y los presenten en la sesión; pausa y turno para la exposición de  defensas. La exposición podrá hacerse apelando, si se prefiere, a una división temática. Se ha estimado que durante una jornada hablarán las acusaciones y después, entre 2 y 3 jornadas, las defensas.

La Fiscalía del Tribunal Supremo había anunciado en petit comité que estaba dispuesta a renunciar a 200 videos de los 300 que han sido aceptados como prueba documental. 

El turno de última palabra de los acusados está previsto, tentativamente, según el calendario provisional, para el 7 de junio.  Con este calendario, el juicio podría quedar "visto para sentencia" ese 7 de junio o la semana siguiente.

En principio, todo hace pensar que la sentencia no estará lista hasta el mes de septiembre o primeros de octubre próximo.

¿Pero existe alguna posibilidad de que acabado el juicio en las fechas apuntadas pueda haber sentencia digamos el 31 de julio de 2019?

Nunca se sabe. Pero lo que sí se puede asegurar es esto: ponencia de Marchena buscará la unanimidad. Y para ello tendrá que lidiar con las matizaciones que cada uno de los otros seis magistrados quiera introducir. Sobre los temas esenciales (tipificación jurídica y penas) difícilmente vaya a haber problemas de fondo. Pero para una sentencia que requerirá no menos de, digamos, 200 folios, se necesita tiempo para deliberación, votación y firma.

Por ello, la fecha más sensata sigue siendo finales de septiembre, después de la inauguración del año judicial, o primeros de octubre.

EDICIÓ PAPER 18/05/2019

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