España, a la cola de inversión en I+D

Países como Grecia o Polonia ya superan a España en inversión sobre el PIB

Ya hace tiempo que el futuro de los países se puede adivinar viendo cuál es su inversión en I+D+I, es decir, investigación, desarrollo e innovación. A mayor inversión actual, mayores posibilidades de futuro para una economía que, si quiere ser competitiva y dinámica, tiene que crear valor añadido. Pues bien, un estudio de la Fundación Cotec basado en datos del ejercicio 2019 muestra que países como Grecia o Polonia, con una renta per cápita inferior a la española, han superado a España en inversión en I+D en relación con el PIB. La situación es especialmente grave porque el estudio también subraya que el diferencial con la media europea también ha aumentado y que hay países como Portugal que están haciendo una apuesta decidida por la innovación y que han ensanchado su distancia con el estado español.

Y eso que, según los datos de Cotec, la inversión en España en este campo fue récord en 2019, con una cifra de 15.572 millones de euros, un 1,25% del PIB. Solo un año antes, en 2018, se había vuelto a alcanzar los niveles de inversión anteriores a la crisis, lo cual significa que ha costado una década recuperarlos. La fotografía de Cotec indica que hay países que han aprovechado la crisis, como por ejemplo Portugal, para hacer cambios estructurales, mientras que España, especialmente dependiente del sector de la construcción y del turismo, no ha sido ni siquiera capaz de lograr los niveles de paro que había en 2007.

La Unión Europea ha fijado el objetivo de destinar el 3% del PIB a I+D como parte de una estrategia a largo plazo para poder competir con las economías de Estados Unidos o China. Esto significa que España tendría que doblar la cantidad de recursos que le dedica actualmente, y pasar de los 15.000 millones a casi 40.000. Los planes del ejecutivo español son más modestos y prevén llegar al 2% durante el año próximo, una cifra que supondría un auténtico salto, puesto que el récord actual de inversión en porcentaje del PIB es del 2010, cuando se destinó un 1,35%.

La esperanza de los expertos está puesta ahora mismo en la llegada, como tan a menudo en proyectos de investigación, de fondos europeos, que como están condicionados al hecho de que se destinen a objetivos como la digitalización o la economía verde, tendrían que dar un impulso definitivo a la inversión en I+D. De todas maneras, la hemeroteca demuestra que los sucesivos gobiernos españoles nunca han considerado prioritaria esta inversión, como sí que han hecho otros países más pobres. Seguramente porque las estructuras del Estado absorben una gran cantidad de recursos que serían mucho más eficientes en otros destinos. Pero también porque se ha apostado por una política de infraestructuras, léase el AVE, que ha resultado altamente ineficiente.

Esperamos que la llegada de fondos y su cogestión con las comunidades autónomas permitan en Catalunya consolidar una política propia en I+D. Las bases de esta política ya las puso el conseller Andreu Mas-Colell con iniciativas para atraer a investigadores como el programa Icrea, pensado para acercarnos a los países punteros europeos. Porque si en algún lugar del Estado se ha demostrado que el talento acaba repercutiendo en el progreso de toda una sociedad, es en Catalunya.

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EDICIÓ PAPER 16/01/2021

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