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ABANS D’ARA

El viaje del Orfeó

De Miquel dels S. Oliver (Campanet, Mallorca, 1864 - Barcelona, 1920) a La Vanguardia (11-VII-1914). Fa cent anys l’Orfeó Català ja contribuïa a la projecció internacional del país.

Cuando escribo estas líneas, un tren que conduce trescientos barceloneses de toda edad y condición: hombres, mujeres, niñas y niños, atraviesa las suaves y fértiles campiñas de Francia y corre en dirección a París, seguido por la mirada cariñosa y la ansiedad de todo un pueblo. Y cuando estas mismas líneas caigan, estampadas, bajo los ojos del lector, la caravana bulliciosa habrá penetrado ya en la inmensa capital y, pasando por mil emociones: el deslumbramiento de la grandeza, la desazón de presentarse a juicio ante el más alto tribunal del mundo, el recuerdo de la patria lejana, la conciencia de una grave responsabilidad y la incertidumbre de un buen éxito; pasando de la turbación y desconfianza al aplomo y la fe en las propias fuerzas, se aprestará a disputar el triunfo y resistir la prueba decisiva, para refrendarlos, días después, bajo otra civilización y otro medio espiritual, en el gran emporio de Londres. He aquí la última hazaña del Orfeó, en cuya historia, fecunda y sostenida, las temeridades rivalizan con el justo dominio de la potencia y los entusiasmos no se amenguan con la duración ni se enfrían con las limitaciones impuestas por el género artístico que constituye su especialidad, menos propicio que las otras manifestaciones musicales a la renovación de repertorio y a los incentivos y sorpresas de una producción copiosa. Contra tales limitaciones lucha el Orfeó, desde hace veinte años, sin cansancio ni agotamiento; y, a pesar de ellas, ha venido a ser en Cataluña una de las más sólidas concreciones de su despertar, uno de sus órganos más hondamente nacionales y expresivos, un ejemplo de máximo fervor asistido por un máximo espíritu de continuidad que determinan también una perfección y eficacia máximas. Así lo aprecia, sin duda, el buen instinto de los catalanes ilustrados y patriotas. Muchos, muchísimos de ellos acudieron anteanoche a la estación de Francia para despedir el animado e insólito convoy; y el espectáculo que presenciaron no es de los que fácilmente se olvidan. […]